Marie
Hoy me he acordado de mi amiga belga de Gante y la he llamado después de un montón de tiempo.
La conocí en el campo de trabajo de Belgrado, donde éramos 11 voluntarios de 11 nacionalidades diferentes. Marie es de quien guardo mejor recuerdo. De risa y sonrisa fácil, tiene esa sencillez y naturalidad que desarman a cualquiera, y uno sólo se puede alegrar de que haya gente así.
Tal vez por esa gran sonrisa, la sacaron en foto en primera página de un par de periódicos nacionales de Serbia, explicando además nuestra labor en el campo, concienciando a la población serbia sobre las bondades del reciclaje.
Marié trabaja como única camarera en un bar donde sólo se sirven sopas (en Greifswald también hay uno), ha estudiado diseño y confección (tiene un montón de parches y prendas muy divertidas que quiere vender por internet) y ahora la mitad de los días de la semana se va a Amberes a estudiar teatro, donde está en su salsa. Estuvo un año viviendo en Barcelona, ciudad de la que está enamorada y que le dio la habilidad de hablar en español.
Siempre espontánea y sin miedo a nada, no duda en coger a un par de autoestopistas -que es lo que estaba haciendo cuando la he llamado hoy- o decidir irse a Barcelona y empaquetar todas sus cosas en media hora, como hizo la última vez para ir a Barcelona, porque quedaban un par de plazas libres en un autobús de estudiantes. Así que el par de veces que la vi en Barcelona, sólo supe de su visita cuando ya estaba allí, y no la culpo, ya que no es de las que planean los viajes con meses sino en pocos minutos.
En nuestro barco sobre el Danubio, a las orillas de Belgrado
También me ha explicado telefónicamente que hoy iba a dormir en una instalación de arte en Brujas, donde se iba a someter a un experimento donde se analizaría el comportamiento de su cerebro durante la noche.
La última vez que la vi fue en Gante, en su casa, donde dormí un par de noches aprovechando que iba a hacer un campo de trabajo en Bélgica (en la otra punta, pero el país es tan pequeñito que no importa). Recuerdo sus sorprendentes palabras cuando nos vimos en Gante en septiembre “ya eres el segundo español que voy a meter en casa”. Resulta que había conocido hacía unos días a un español de Burgos en el avión Valladolid-Bruselas que iba a visitar a su novia en Holanda, cosa que efectivamente hizo, sólo que ésta le dijo que ya no quería ser tal. Deprimido y sin casa, nuestro españolito de Burgos tuvo la feliz idea de llamar a Marie para pasar los días que le quedaban hasta el vuelo de vuelta en su casa. Así, que cuando llegué a la desordenadísima casa de Marie, aparte de su novio estaba también José de Burgos. Su novio dicho dea de paso, es malabarista y acróbata y tiene su propio pequeño circo. Pasé dos días con Marie y intentando consolar al pobre José, que estaba muy triste.