
Tal vez alguien se haya dado cuenta de que he pasado pr el tema de tiempo de refilón. Esto no quiere decir sin embargo que no haya tema, de hecho, hay mucho. Tanto entre los locales como entre los extranjeros de Greifswald el tiempo siempre es un tema estrella.
Que no haya hablado del tiempo hasta ahora en este blog se debe a que me toca mucho las narices. Desde que llegué el 6 de enero a estas tierras situadas en estas anormales latitudes, en sufrido en silencio la meteorología local y ahora os haré un resumen (¡creedme, es un resumen!):
Vayamos por partes:
El invierno duró hasta prácticamente abril, que fue cuando dejó de nevar (empezó en noviembre). Mis padres, muy padres ellos, me habían comprado leotardos o lo que aquí se llama lange Unterhosen. Los leotardos éstos cumplían muy bien su función hasta que uno se metía en –por ejemplo– una discoteca, donde había una diferencia térmica de por lo menos 30 grados con el exterior (de –7C a +28C). ¿Qué hacer entonces con nuestros amigos los leotardos? Pues irse a los servicios a quitárselos, guardarlos donde se pueda y volver a repetir la operación a la inversa antes de tomar la bici para volver a casa. Diréis “por lo menos hay nieve y eso siempre es divertido”. Claro, es divertido hasta que la nieve se alterna con la lluvia (lo pasa a menudo); entonces se forma ese chof–chof que ni es nieve ni es ná, pero que es maravilloso para caerse ya sea andando o de la bici.
Bueno, la temperatura no ha sido lo peor ya que ya estaba psicológicamente preparado (norte + invierno = frío), aunque el tener +1C de máxima durante semanas no es algo que recomiende a nadie.
Otro problemilla con el invierno es que no hay luz. Digo luz porque lo de sol me parece exagerar. ¿No es deprimente que a las cinco de la tarde sea noche cerrada? Ahora comprendo a los turistas de la Costa Brava, que parecen de una secta de adoradores del sol, poniéndose rosas ó rojos pero nunca morenos. Yo les digo: “Los españoles sabemos distinguir el sol bueno del sol malo. A las seis de la tarde en una terraza se está bien, pero a las tres en la playa en mitad de agosto no hay quien esté”. Pero como ellos tienen tan poca cultura de sol, tan poco lo conocen que no saben distinguir los pobres y por eso se vuelven de España a Alemania pelados y colorados.
La primavera es un tema muy divertido, porque para poder comentar la primavera ésa primero habría que saber cuando empieza. Sí, ya sé que empieza en todas partes igual, sólo que en algunos lugares San Pedro se entera y en otras no. Éste es de los que no. Creo que la primavera empezó en algún momento entre abril y junio. Lo sé porque ya no había nieve y los nubarrones a veces hacían una pausa para almorzar a eso de las 11 y enseñaban el sol un poquito. ¡Un día llegamos a los +23C grados a la sombra! Pero sólo fue un momento. Es en esos momentos cuando los alemanes sacan la ropa que se suelen traer de vacaciones a España y se la ponen. A veces se la ponen aunque estemos a 15 grados, pero pobres, si sólo se la pudieran poner cuando hace realmente bueno, ¡no se la pondrían casi nunca!
Durante el Festival (hace una semana) por ejemplo, Greifswald recibió a los participantes con un rango de temperaturas de 11 a 17 grados, lluvia y viento. Con lo que algunos participantes que venía de latitudes normales se declaran “algo sorprendidos con el tiempo” cuando se les preguntaba por sus primeras impresiones. Por lo menos hay luz hasta las diez de la noche, aunque por contra la luz te despierte a las cuatro de la mañana.
Del verano me han dicho que es como la primavera pero con un grado más de temperatura media. Cuando llegue os avisaré.
Todo esto me ha hecho relativizar las palabras como “calor”. Cuando estamos a más de 17 dicen “Es ist ganz heiss!” que es como decir “¡que bochorno!”
Podéis ver como está el tiempo en Greifswald en la ventanita de la derecha.

Aquí me tenéis pasando frío en Alemania.