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Pero cómo adelantan a los coches eh! Bueno, supongo que se retirarán a tiempo, porque a ese paso no llegarán a muy viejos!
Una de las cosas más interesantes ha sido descubrir las galerías subterráneas de París. Como alguno sabrá, en París hay unas Catacumbas abiertas al público con fines turísticos, pero eso es sólo una pequeña parte de la red de galerías de París. Resulta que Pablo se alojó en París en casa de un francés, que es todo un experto en el tema y consiguió meterle en las galerías donde está prohibido aventurarse por no estar habilitadas.
Hay muchísimos kilómetros olvidados bajo el suelo parisino, pero este francés tenía los planos y había ido ya un montón de veces. A veces esta red en el subsuelo es visitada por curiosos y también para organizar algunas fiestas y comidas ya que hay espacios lo suficientemente grandes. Lo malo es que está todo lleno de barro porque nadie lo limpia y puedes salir así de la aventura. Eso sí, no hay ratas porque al no haber basura no tienen alimento. Para entrar y salir sólo hay que levantar la tapa de alcantarilla adecuada y ¡adentro!
Cuando yo fui sólo había un chiringuito de helados y cerveza y un museo de la RDA (¡se están poniendo de moda!). Los edificios se encuentran en un estado lamentable y sólo hay algunos turistas curiosos que merodean por allá. Una cosa que me llamó la atención es que hasta los nazis tenían un estilo de construcción más ecológico que el nuestro y construyeron Prora a 50 metros de la playa para preservar el medio, ¡no como en Benidorm!
¿A alguno le daría mal rollo ir de vacaciones a un lugar diseñado por los nazis y utilizado como prisión contra presos políticos por la RDA?
Si no, sólo tenéis que esperar un tiempo… porque la localización es única.

Fluvi aún vive pero… ¿por cuánto tiempo?
La pasada semana, cuatro de los mejores cabestros/as que formaban un comando anti-Expo, hartos del silenciamiento de cualquier crítica hacia este turbio negocio, decidieron secuestrar de su caseta de Pza España al icono de esta muestra, que atiende por Fluvi.
Si las autoridades incompetentes quieren recuperar de una pieza su engendro, deberán satisfacer las siguientes reivindicaciones:
- Devolución con vida de los árboles talados en Ranillas y castigo a los culpables.
- Paralización de todas las obras de la Expo y del Azud del Ebro.
- Fin del Imperio del Hormigón y del mejillón cebra.
- Suicidio colectivo de todos los implicados y castigo a los culpables.
- Gastos de la Expo para clonar a Paco Martínez Soria.
- No más asfalto en nuestras huertas. Queremos borraja y no coches.
- Reconversión de la Plaza del Pilar en pista de patinaje.
- Reinserción de todos los voluntarios como infanticos del Pilar. Programas de integración para los infanticos del Pilar, para que se hagan ciudadanos de bien.
- Publicación en Heraldo de Aragón de la ficha de inscripción de Belloch en la gtanja de Proyecto Hombre.
- No queremos vivir lejos ni en latas de sardinas. 40metros nunca serán dignos.
- No queremos tontódromos mal llamados centros comerciales. Muerte al Ikea y castigo a los culpables.
Si no son atendidas nuestras reivindicaciones, Fluvi pagará las consecuencias.
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Cuando por primera vez me preguntaron Wie geht es dir mit deinem Ofen? (¿Cómo te va con tu Ofen?) yo respondí, pensando en el inglés oven (horno) que suena parecido, que los ni pasteles ni los bizcochos se me daban bien. Esto, sorprendentemente, produjo un montón de carcajadas.
Ofen en mi gordo y caro diccionario Langenscheidt Alemán-Alemán viene definido como: aparato que, con madera o carbón, se utiliza para calentar una habitación (la segunda acepción es similar a la inglesa “oven”, o sea, horno).
En español se podría traducir por hornillo pero, como podéis bien ver en la foto, de hornillo no tiene nada de nada; más bien se trataría de un hornazo. Hay que meter carbón en el ofen al menos una vez al día, y no te preocupes, que olvidarte no te olvidarás, ya se encarga el frío de recordártelo. Esto supone que hay que bajar a por más cada 2 ó 3 días –según lo cargado que vayas– al sótano, donde hay una pequeña montaña de este sucio y antiguo combustible fósil. De todas formas, uno hace lo que puede para que el tiempo que el horno requiere sea lo más divertido posible.
Mi habitación en panorámica. El Ofen a es eso de la derecha.
En la antiguo República Democrática Alemana –Ostdeutschland–, muchas cosas no han cambiado desde la caída del muro y la reunificación. El sistema de calefacción es una de ellas. En Greifswald, como en la mayoría de las ciudades del Bundesland Mecklemburg-Vorpommern, y por extensión toda la Alemania del Este, hay muchos edificios en condiciones muy precarias (el mío visto por fuera da miedo).
Mecklemburgo-Pomerania Occidental es el estado federal más pobre de Alemania del Este, que es lo mismo que decir el más pobre de toda Alemania. No ha sido fácil adaptarse a la economía de mercado.
Anklam, una ciudad muy próxima a Greifswald y también muy similar salvo que no tiene universidad, según he oído tiene el honor de ser la ciudad alemana con la tasa de paro más alta. Las diferencias económicas entre Este y Oeste, lejos de reducirse, no han hecho más que aumentar desde la caída del muro. El cómo y los por qués es un tema inacabable. Por su parte, en la ex RDA se han tenido que acostumbrar al paro, un problema que no tenían con los comunistas.
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Y, creedme, eran muchas! (luego las conté en casa: 87)
Dada mi formación empresarial, los ojitos se me tornaron en €€€! (esto tiene que ser una pasta en la reventa para coleccionistas!)Tenía que llevarme todo aquello! Así que ni corto ni perezoso, encontré una caja donde empecé a meter los ejemplares, pero pronto me di cuenta de que no tenía ni para empezar. Después cuando mi bicicleta estaba totalmente cargada por las 87 revistas, intenté “arrancar” sin éxito, ya que a la primera inclinación todas las revistas se cayeron al suelo. La avaricia rompe el saco, me dije para mis adentros… mientras empezaba a ver como inevitable la necesidad de hacer dos viajes!
Y eso es lo que hice.
Más tarde he podido comprobar en Ebay, que las revistas no están tan cotizadas, especialmente por ser relativamente recientes y porque es muy difícil venderlas todas de golpe
Sin embargo nos queda la siguiente moraleja: La sociedad alemana en su riqueza (digan lo que digan) deja muchas puertas abiertas para los pícaros.











